PASIÓN Y FERVOR DE MIGUEL JAIMES

La Mucuy es su devoción, su sagrario. Con similar fervor aborda la escritura. Su lenguaje tiene el significado que por años ha dado el pueblo a su vida. Jaimes ha apresado la memoria a través de la palabra, palabra que inquiere, que revela, testimonia. Mira por dentro de la vida diaria, es testigo, cronista. Su escritura cursa como el río, de transparentes aguas, melodiosa.

En Jaimes fondo y forma se conjugan. Cuando narra es palabra del ojo y del oído, sustancia de la tierra y de sus hombres y mujeres. Cuenta sin espesuras.
Cada fin de semana por internet nos visita con alguna historia, alguna semblanza, algún objeto como nosotros, con pasado y presente.

Al igual que los poetas, condensa amor, poesía y libertad. Toda cosa, todo elemento, toda existencia flota en un mundo de inspiración y encantamiento, misterio y perfección. Jaimes las convierte en ramos de claridades. Como el poeta funde el pájaro con el viento, el atardecer con su verdad, los amaneceres con la anunciación. Como ciudadano funde al hombre con su realidad de todos los días. Nunca extravía la mirada, a no ser para descubrir el recóndito amor de las cosas.

Nos sorprendió hasta el regocijo su primer libro de La Mucuy, tal sus ardores, sus secretos revelados, su inocencia. El narrador de la intimidad de un pueblo a imagen y semejanza del árbol de la vida. El lector, dije, recorre las páginas del libro como si respirara los aires de la montaña. Priva la inocencia de la pureza. Sus páginas no permiten comparación. Contienen el candor de las cosas sencillas. Pienso en Antonio Machado. Oigo la voz serena de Gabriela Mistral.

Cómo no celebrar su escritura si es bien andanza. (Aquí, entre nos, la de hoy está llena de relinchos y lugares comunes).

Celebremos al ciudadano que indaga con amoroso empeño. Jaimes es un investigador a tiempo completo. No solo es un hombre-cosecha de la existencia misma de un pueblo. Es un estudioso del universo petrolero, de los afanes de la industria y los manejos de los grandes consorcios, y su feo estandarte de asechanzas bélicas y voracidad genocida, sino también de sus efectos en nuestra economía, en nuestra cultura mediatizada por la explotación de una riqueza sin mayor destino productivo. Su conocimiento es profundo, riguroso. Enseña, advierte, alerta.

Celebro el homenaje que se le rinde esta tarde de hoy. Reconocimiento a un gran ciudadano, escritor de noble arboladura. Encarnación nuestra.

Mérida, 1 de agosto de 2015

Triunfo de la palabra, del modo cultivado de vivir

Edmundo Aray

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