MELCOCHAS

A mi padre…

Eran los días de papelones, melcochas, panelas, arañas y trapiches que endulzaban catalinas blancas y negras. Los golpes a la caña de azúcar sonaban, mientras las rebeliones de los macheteros fueron planificadas en la organza de la panela. Los días se agitaban vestidos de momentos azules, y las delicadas —de aquel mismo color— mariposas anunciaban un caudal de gente que llegaban saludando. Ingresaban vestidos con ropas kaki y unas chaquetas largas, estiradas después de aceptar el ruido de la panela y aprovechar la merienda de la caña. Humeantes participaban de aquella colación tomando el color del vaho que salía. Allí morían las recetas del bienmesabe cotidiano sobre todo cuando las pócimas llegaban volando con las abejas.

Las melcochas descifraban a los disimulados casi hechos mentiras, mientras alimentaban a los animales cuidadores, cuyos inconfundibles aullidos repicaban en los avisos dados por las vidas de cada uno.   

Pero un día sucedió que a estos sitios arribó un muy mal visitante y ante la negativa de venderle tierras donde se encontraban las hectáreas de la caña, este volteó y lanzó un terrible conjuro que acabó con esas siembras. Se cuenta que el jugo del azúcar salía por el tallo de las gruesas ramas. Contaminados estos sitios se volvieron una pestilencia que inundó el viaje de los insectos. Las melcochas se acabaron y por más conjuros y ritos nunca volvieron a recuperar la caña.

Por ese terrible maleficio hasta los trapiches se incendiaron y el único que quedó protegido fue el perteneciente a don Ignacio quien al ver una bruma negra comenzaba a tomarse sus espacios rápidamente, tomó una montaña de paja seca e incendiando sus hebras secas acabó con el conjuro.

Aquello humeante de afuera perteneció al alimento mágico del caballo azul a quien veía diariamente colocándole alimento y al rato desaparecía. Dicen que venía, comía y de vez en cuando se le veía.   

Así fue. Aquellas melcochas dejaron cientos de recuerdos y esperanzas, pero jamás volvieron a elaborarlas. El melao y la maldad no se llevaban bien y por eso perdieron su suerte.

Dr. Miguel A. Jaimes N.

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Premio Mejor Columnista Diario Frontera Mérida 2011

Premio estadal Gabinete cultura Mérida Gran Explosión Bicentenaria MPPC 2012

Segundo premio nacional mención periodismo Ministerio poder popular para Cultura 2013

Condecoración comandante Hugo Chávez Única Clase Alcaldía Santos Marquina 2015

10mo Edición del Foro Permanente MPPC 2015

Para: Diario Frontera

Diciembre 13 del 2017

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