PANADEROS

PANADEROS

Un hombre al cual todos se acostumbraron a llamar panadero por saturar sacos de harinas para masas, se le perdió su nombre. Por las mañanas se levantaba y a pesar que su oficio ya estaba definido recordaba las bondades de muchas plantas medicinales.

Las matas de Orumo eran unas hojas anchas las cuales venían de un árbol que siempre había sido muy frágil y en el cual permanecían los criaderos de enjambres de unas hormigas que picaban haciendo enormes ronchas. Mientras las hojas anchurosas de Ortiga eran más bien espinosas, pero florecían lisas y eran recomendadas para sustituir el suave papel higiénico.

Pero su verdadera función estaba dedicada a las preparaciones de cocimientos curativos junto a plantas y árboles medicinales. Así que estos bebedizos retrotraían a tiempos idos, por lo menos para muchos. A lo mejor en los campos todavía
existan esas tradiciones y costumbres.

Pero su arte fue el pan, solo que el tema y las costumbres le entró por las sabias enseñanzas de su padre quien contaba sus aventuras a bordo de inmensos barcos. Su tarea en los mares fue repararle los motores averiados en plena Mar a estos gigantescos nadadores cuando sus motores se averiaban.

Su padre le contaba cuando se encontró asentando válvulas del tamaño de una jirafa con las cuales se había visto y tropezado en su navegar frente a interminables costas africanas. De allí se trajo todas las recetas del pan preparado para los marineros, hasta uno hecho con pescado. Mientras trabajaba su ayudante fue un intrépido hombrecillo que por las razones que fuesen y sin ningún problema se enroló para servir en las batallas dadas en los océanos.

Las válvulas eran explosivas. Adentro tenían componentes los cuales se activaban para darle más fuerza al arranque. Adentro llevaban carburo y al este unirse a materiales húmedos estallaban.

Una vez varados en unas islas muy remotas de Oceanía, permanecieron meses pues esas caras gigantes de los motores que se paraban firmes se habían mojado por el frío del ambiente y preferían inutilizaba antes que detonara todo el barco. Así conoció a su madre y al partir le dejó al muchacho con el cual cargó hasta que el tiempo lo reclamó y el panadero se lo quedó.

Dr. Miguel A. Jaimes N.

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Premio Mejor Columnista Diario-Frontera Mérida 2011

Premio estadal Gabinete cultura Mérida Gran Explosión Bicentenaria MPPC 2012

Segundo premio nacional mención periodismo Ministerio poder popular para Cultura 2013

Condecoración comandante Hugo Chávez Única Clase Alcaldía Santos Marquina 2015

10mo Edición del Foro Permanente MPPC 2015

Para: Diario Frontera

Enero 31 del 2018

 

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