BAÚL

El baúl de la abuela era una caja grande y fea con un olor peculiar. Estaba recostada en un rincón del cuarto y tenía unas florecitas talladas en cada uno de sus lados. Unas eran flores marchitas porque la mayoría del comején existente —que luchaba hasta su muerte por cambiarle el rostro a la madera— luchaba hasta el final y por eso sus formas habían desaparecido.

Todos decían en la casa del baúl que este era un objeto prohibido; solo la abuela podía abrirlo pues contenía sus tesoros bien guardados. Todos los pequeños lo veían recelosos. Aquel viejo cofre fue un guardador de verdaderos secretos, pero con la curiosidad de saber que tenía adentro en más de una oportunidad una cueriza les dieron por querer abrirlo.

Pero en los descuidos se escabullían hasta llegar al cuarto de la abuela. Pero ella era sabia y sabía de las tremenduras de sus pequeños y sin embargo los protegía. Luego mientras unos montaban guardia, otro lo abría. Pero esto nunca se pudo ya que al tratar de abrirlo las bisagras rechinaban y una vieja de buen oído, captaba el crujir del hierro y prontito allí llegaba con una chamiza de maíz espantando y sacaba corriendo del cuarto a cualquiera. Todos a la carrera salían al patio entre sustos y sonrisas porque los habían descubierto montándole casería al baúl de la abuela, quien con el recuerdo de sus antepasados eran los guardianes de sus sueños.

Pero cuando ella partió, lo cual fue pronto, sobre su cuerpo habían pasado muchos años e inmediatamente todos descubrieron sus tesoros los cuales no eran más que recuerdos… fotografías, cartas de enamorados, pocas, pero sin detenerse fueron llegando a su vida y juntas podían hacer varios libros, a un lado estaba la ropita de sus primeros nietos, junto a los pétalos de algunas flores marchitas cubiertas de tarjeticas con dibujos pequeños, mechones de cabellos sujetados por hilos finos con unos diminutos hilos ya casi desechos, unas cajitas opacas que al abrirlas encontrabas pedazos de uñas y ombligos resecos de todas sus generaciones los cuales estaban descritos sobre una hoja con nombres, fechas, y hasta las horas de sus nacimientos y las horas en que fueron cortados, más las inseparables camándulas, todas gastadas por el roce de sus dedos, fueron divinos tesoros, pero sin embargo extraviados en las sendas de sus vidas las cuales ya eran varias y sobre el baúl decorado en la sala fue a dar un paradero oculto, pero no por su valor sentimental,  tan solo paró de existir cuando todos lo veían bello bajo el ventanal.

Dr. Miguel A. Jaimes N.

https//: www.lamucuy.com.ve

https//: www.geopoliticapetrolera.com.ve

lamucuyandina@gmail.com

@migueljaimes2

Skype: migueljaimes70

Premio Mejor Columnista Diario-Frontera Mérida 2011

Premio estadal Gabinete cultura Mérida Gran Explosión Bicentenaria MPPC 2012

Segundo premio nacional mención periodismo Ministerio poder popular para Cultura 2013

Condecoración comandante Hugo Chávez Única Clase Alcaldía Santos Marquina 2015

10mo Edición del Foro Permanente MPPC 2015

Para: Diario Frontera

Febrero 14 del 2018

Leave a Reply