BANCOS

A los bancos de la iglesia del pueblo les marcaban los asientos. Cada una de aquellas antiguas tablas llevaba el nombre de sus usuarios. Sobre aquellos puestos eran grabados con precisión nombres y apellidos de cada uno de los fieles. Por eso el sacerdote sabía a precisión en su discurso la ubicación de los asistentes y con facilidad se refería a ellos en sus sermones, a algunos para regañarlos y a otros para adularlos antes que alabarlos de acuerdo con su razonable contribución. A eso le decían la limosna.

Aquellas tablas eran escogidas desde sus siembras para cuando salieran de la Pacha Mama. Sus usuarios al llegar quitaban unas cadenitas las cuales quedaban ajustadas por unos candados. Esa era señal de que nadie podía usarlas y al irse las volvían a trancar.

Casualmente, y por cariño, aquellos espacios quedaban envueltos en recuerdos y antes de partir a escuchar el sermón servían un café mañanero degustando al lado de sus más cercanos servidores. Eran los criados a quienes les concedían todos los derechos al igual que a sus hijos naturales. Ellos fueron conocidos como los conchabados.

Cuando abrían cajones heredados por lo valiosos de sus fuertes maderas escogían las mejores narrativas escritas en aquellos años de experiencias. A un lado quedaban algunos enseres de cocina con los cuales hasta la fecha sus viejas seguían cocinando. Cierto es que llevaban en sus peltres algunos golpes y desportilladuras, pero eran las propiedades de las cuales aún no lograban desprenderse, y es justo por eso que las cosas se hacían eternas por los recuerdos añejados y cariñosos de quienes, a pesar de sus partidas, se hacían sentir muy cerca de los que descubrían con el tiempo que se habían marchado.

Allí hasta aquellas bancas iban las fotos con eternas viñetas brillantes de sus deudos y los observaban como alguien enamorado por lo atractivo de sus miradas. Los altares y todos los santos se quedaban con el recuerdo de las aldeas de cuando se nacía. Estaban encerrados dentro de casas grandes o pequeñas de joviales altares, quedaban en los retazos que sobraban de aquellas bancas y generalmente eran colocados a una considerable altura.

Dr. Miguel A. Jaimes N.
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Premio Mejor Columnista Diario-Frontera Mérida 2011
Premio estadal Gabinete cultura Mérida Gran Explosión Bicentenaria MPPC 2012
Segundo premio nacional mención periodismo Ministerio poder popular para Cultura 2013
Condecoración comandante Hugo Chávez Única Clase Alcaldía Santos Marquina 2015
10mo Edición del Foro Permanente MPPC 2015
Para: Diario Frontera
Mayo 16 del 2018

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