GUSTEADOR

Don Rufián le hacía honor a su tembleque nombre. De paso era el dueño de un restaurant ubicado antes de la entrada de un viejo puente que estaba llegando a La Mucuy. Todo sucedía a principios de 1910 —apenas dos años después que el dictador Juan Vicente Gómez tomara el poder después de haber traicionado a su compadre El Cabito— fue un sitio de comensales al cual le decían Puerto Rico. Un nombre que disimulaba un llamado reservado que estaba fuera de la ciudad de Mérida.

Al dueño de aquel restaurant lo empezaron a llamar don Rufián pues llamó mucho la atención al llegar. Lo primero que hizo fue ir a comprar al pueblo una carretilla llena de huesos de todo tipo. Allí venían costillares hasta de las más raras especies encontradas por la zona. Por eso su comedor empezó a distinguirse en la degustación de varios tipos de sopas.

Pero en una ocasión un raro desocupado que hacía de todo y no tenía sueldo fijo y el cual comenzó a ser conocido con el remoquete de Ruperto fue y se montó en unas latas de zinc y desde allí captó las recetas del don Rufián.

Todo comenzó cuando en su restaurant comenzaron a escucharse unos martillazos dados por él mismo en el techo. Allí en lo alto dejó sujetadas unas cremalleras y por el medio de aquella hendija la cual rodaba sin fin, durante días Ruperto vio cómo don Rufián introducía unas viejas cuerdas de nailon sobre las cuales guindaba huesos bajados una y otra vez con el fin de darles sabor y aroma a la preparación de unas aguas hirviendo a las cuales llamaba sus sopas.

Allí estaban esos derruidos huesos, muchos destruidos por la cantidad de moscas que les rondaban las cuales eran espantadas bajo inclementes latigazos quiebra huesos. Por esta razón la gente del pueblo comenzó a nombrar de esta manera a las terribles epidemias de gripe.

Los comentarios traspasaron una a una todas las aldeas hasta llegar al inevitable sitio: la Iglesia. Allí la cosa se puso fea pues el cura fustigó a don Rufián no tanto por aquella suciedad de las sopas sino porque el padre de aquella iglesia las pedía a escondidas de su médico cuando este lo tenía a dieta.

Dr. Miguel A. Jaimes N.

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Premio Mejor Columnista Diario-Frontera Mérida 2011

Premio estadal Gabinete cultura Mérida Gran Explosión Bicentenaria MPPC 2012

Segundo premio nacional mención periodismo Ministerio poder popular para Cultura 2013

Condecoración comandante Hugo Chávez Única Clase Alcaldía Santos Marquina 2015

10mo Edición del Foro Permanente MPPC 2015

Para: Diario Frontera

Mayo 9 del 2018

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